Las verrugas son protuberancias benignas que surgen en la piel, conocidas comúnmente por su aspecto poco estético, especialmente cuando se localizan en zonas como axilas, cuello y manos. Aunque no representan un riesgo para la salud, pueden resultar incómodas, particularmente en áreas visibles como el rostro.
Estas lesiones cutáneas son provocadas por el virus del papiloma humano (VPH), que genera crecimientos en la piel con distintas tonalidades y texturas. Pueden aparecer a cualquier edad, aunque ciertos desequilibrios hormonales facilitan su aparición, dado que las hormonas afectan el sistema inmunitario encargado de combatir infecciones virales.
Los tipos de verrugas varían. Las verrugas filiformes se caracterizan por ser alargadas, delgadas y colgantes, encontrándose frecuentemente en el cuello, axilas, zona inguinal y párpados. Las verrugas vulgares son pequeñas, elevadas y redondeadas, con superficie áspera, y suelen asentarse en manos, codos y rodillas. Las verrugas planas, similares a las vulgares pero más lisas y de coloración tenue o amarillenta, aparecen en manos y rostro, siendo más frecuentes en la infancia. Por último, las verrugas plantares se ubican en la planta del pie y pueden generar dolor al caminar debido a la presión ejercida.

La infección por VPH ocurre a través del contacto directo con piel infectada o superficies contaminadas, como suelos de piscinas o gimnasios. El virus penetra las células de la epidermis, causando la aparición de verrugas, las cuales pueden demorarse hasta un año en manifestarse desde la infección inicial.
Es fundamental distinguir entre las verrugas cutáneas comunes, que no tienen relación con el cáncer, y las verrugas genitales internas, producidas por variantes más peligrosas del VPH, las cuales pueden originar cáncer cervical y vulvar. Por esta razón, se administra la vacuna contra el VPH a las niñas para prevenir dichas lesiones.
Si se observa una verruga, se recomienda acudir al médico de atención primaria para un diagnóstico adecuado y evitar confusiones con otras condiciones dermatológicas. El especialista puede identificar la verruga y, en casos necesarios, remitir al paciente a un dermatólogo para realizar evaluaciones adicionales. Esto es especialmente importante si la verruga causa dolor, se inflama, sangra, aparece en pies o genitales, aumenta en número, o si existen antecedentes hormonales o inmunitarios problemáticos.
Para la eliminación de verrugas, principalmente en áreas como el cuello y las axilas, aunque muchas desaparecen espontáneamente, algunas personas optan por tratarlas rápidamente. Aquí entran en acción los remedios caseros, aunque la efectividad de muchos de ellos es limitada.
Los geles de venta en farmacias que contienen ácidos, como el láctico o el salicílico, pueden ser útiles para destruir químicamente la verruga, pero requieren una aplicación constante durante 4 a 6 semanas y no son recomendables en zonas sensibles. Cortar una verruga no es aconsejable debido al riesgo de infección y a la elevada posibilidad de recidiva.
Un método casero empleado con frecuencia es la oclusión de la verruga mediante un vendaje, lo cual puede potenciar el efecto de algún producto farmacológico, pero por sí solo no suele ser eficaz. En general, la estrategia más segura para eliminar verrugas consiste en la consulta con un dermatólogo, quien dispone de técnicas seguras y efectivas para su remoción.
En conclusión, aunque las verrugas no son una amenaza grave para la salud, pueden resultar desagradables y generar molestias. La asesoría profesional es la vía recomendada para un tratamiento adecuado y la prevención de posibles complicaciones. Si deseas eliminar verrugas en el cuello, axilas u otras zonas del cuerpo, es aconsejable acudir a un dermatólogo para asegurar una intervención segura y efectiva.
