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La trágica historia de Solange Magnano, Miss Argentina que falleció tras cirugía estética

Se cumplen diez años del fallecimiento de Solange Magnano, quien murió tras una intervención para mejorar sus glúteos. Conozca qué ocurrió con la médica responsable y cómo continuaron la vida su esposo y sus hijos mellizos.

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Solange Magnano sufrió un homicidio involuntario en 2009 cuando tenía 38 años y era madre de dos niños.

Solange siempre fue admirada por su belleza. En una sociedad donde la apariencia destaca sobre todo, ella poseía el don de impactar y encantar a quienes la rodeaban: fue reina en concursos de belleza desde su escuela, hasta su provincia y el país. Su rostro apareció en pasarelas europeas, enfrentándose a la inexorable batalla contra el tiempo, esa «ilusión» que Einstein alguna vez mencionó.

En esa búsqueda incesante por alcanzar la perfección que parecía escaparse, Solange Magnano perdió la vida.

Solange Magnano fue víctima de un homicidio culposo en 2009: tenía 38 años y dos hijos

Fue exactamente hace diez años, a los 38 años y quince desde que se coronó Miss Argentina en 1994, que decidió realizarse una cirugía para realzar sus glúteos. Lo que parecía un procedimiento sencillo se tornó fatal.

El caso tuvo gran repercusión y terminó con la condena civil y penal de la doctora Mónica Portnoy, quien recibió una condena suspendida de tres años y una inhabilitación para ejercer la medicina de cinco años, ambas ya cumplidas. «Por buscar tener un glúteo más firme, una mujer que lo tenía todo perdió la vida», resumió días después el diseñador Roberto Piazza, amigo de Solange.

Solange Magnano fue Miss Universo en 1994, cuando tenía 23 años

Solange Magnano obtuvo la corona de Miss Universo en 1994 con 23 años.

La cirugía para ella era un trámite. A un amigo confesó que sentía algo de miedo, pero no imaginaba que el desenlace sería fatal. Así, el 29 de noviembre de 2009 viajó sola desde San Francisco, Córdoba, donde residía con su esposo Gustavo Rosso y sus mellizos de ocho años, rumbo a Buenos Aires.

Magnano y Rosso se conocieron en 1999 y tuvieron mellizos

«Era solo un pinchazo para los glúteos y luego regresaríamos. Teníamos planificada una escapada a la montaña», recuerda Rosso en diálogo con Infobae. Solange tomó un micro y fue directo al consultorio de Portnoy en Belgrano, ciudad de Buenos Aires. La acompañó su amiga y también modelo, Mónica Bellotti.

Esa misma noche, tras la inyección con polimetilmetacrilato y, desconocido para Solange y engañada por la médica, también silicona líquida, empezó a sentirse mal y llamó a su marido para contarle. Fue ingresada en el Hospital Fernández y luego trasladada al Sanatorio Itoiz, en Avellaneda, donde quedó internada en terapia intensiva. «Me cuesta respirar», le dijo por teléfono a Rosso.

Magnano abrió una escuela de modelos en San Francisco, Córdoba

Rosso y Magnano se conocieron en una noche de verano de 1999 en el único boliche de San Francisco. Ella tenía 28 y él 26. Al verla, sintió una emoción especial, que hizo que la invitara a bailar.

Magnano y Rosso formaron una familia y tuvieron mellizos.

La trágica historia de Solange Magnano, Miss Argentina que falleció tras cirugía estética

Bailaron juntos y se conocieron: él le contó que su familia poseía la funeraria más antigua de su ciudad, y ella habló de su origen rural en Josefina, un pueblo cercano, y de cómo había roto con el molde social para convertirse en un ícono de belleza, llegando a las tapas de revistas europeas y a competir en Miss Universo, donde fue superada por Sushmita Sen, de India.

La tragedia quiso que, diez años después, de las 77 concursantes de aquella edición, solo Solange y Viveka Babajee, de Mauricio, ya no estén. Babajee se suicidó meses después en Bombay, India, en medio de una profunda depresión.

Solange murió después de que le inyectaran silicona líquida, la médica que lo hizo fue condenada a dos años de prisión en suspenso

Quince días después de aquel encuentro en el boliche, Rosso le propuso matrimonio: el 8 de enero le dijo «el año que viene nos casamos». Y así fue. Solange canceló un contrato en Alemania para radicarse y formar una familia en San Francisco. Gustavo recuerda emocionado: «Hace diez años que ella ya no está, y aunque tuve otras parejas, su recuerdo me marcó para siempre».

Solange se instaló en San Francisco, donde en 2001 dio a luz a los mellizos y fundó una escuela de modelos, “Actitud Models”. De vez en cuando viajaba a Buenos Aires para trabajar, aunque sentía el peso de la edad.

Magnano y Rosso se casaron un año después de conocerse

Magnano abrió una escuela de modelos en San Francisco, Córdoba.

«Desde niña fue reina en todo lo que pudo. Trabajó con grandes diseñadores en Europa y dejó de viajar tras conocerme y mudarse a San Francisco. A los 38, el cuerpo comienza a mostrar signos. Le decía que luchar contra el tiempo era inútil», dice su esposo, aclarando que ella no estaba obsesionada con su aspecto.

Había dejado atrás las pasarelas internacionales y era madre, pero se había acercado a Roberto Piazza, quien recuerda: «Cuando la vi, pensé ‘esta chica es perfecta, no existe’. Medía más de 1,80, con un cuerpo voluptuoso y belleza exótica».

Para el verano de 2010, deseaba verse bien para los desfiles en traje de baño. «Las que trabajan con su imagen resisten el paso del tiempo», dice Rosso, aunque asegura que el verdadero problema fue la elección errónea de la médica Portnoy.

El diseñador la rememora: «Tenía una belleza sofisticada, majestuosa. Su celulitis era casi imperceptible. Le superaba en belleza a cualquier modelo actual. No era una muñeca Barbie, tenía un encanto único. Se sometió al quirófano para levantar sus senos caídos tras el parto y después buscó mejorar sus glúteos».

«Quería estar más firme y encontró a esa persona, a quien no conocía, y todo terminó en tragedia», contó Piazza.

Solange fue a Portnoy el 26 de noviembre por la tarde y nunca salió de ese fatídico episodio. Esa noche, Gustavo viajó a Buenos Aires. Al día siguiente, fue trasladada del Hospital Fernández al Sanatorio Itoiz en Avellaneda.

Ese viernes mantuvieron su último contacto. Ella tenía dificultad para respirar. Ni uno ni otro sabían que la silicona líquida infiltrada secretamente por la médica había dañado sus órganos y comprometido su oxigenación sanguínea.

Consciente en terapia intensiva, Solange le pidió a Rosso que la perdonara. Él no comprendió, pensando que mejoraría. Pero a la mañana siguiente le intubaron y por la tarde un médico le avisó que debía prepararse.

Rosso recuerda, conmocionado: «Me dijo que me preparara porque el final era cercano. El jueves estaba fantástica». Finalmente, el domingo 29, Solange falleció en Avellaneda, lejos de su hogar, sus hijos y la tierra que la vio crecer.

Solange acudió a Portnoy porque la médica promocionaba sus servicios por TV, incluso comprando espacios en programas de farándula. Según Rosso, la conoció por Piazza.

«Era un pinchazo de diez minutos. Pero la doctora prometió una cosa y realizó otra. Una muerte absurda. Si no hubiese cometido errores, Solange estaría viva, aunque con secuelas», asegura Gustavo.

«Ella pagó una suma importante y fue engañada», insiste Rosso, que demandó judicialmente a la médica.

Portnoy no habló públicamente, solo dejó un mensaje en su buzón declarando sentirse «profundamente dolorida» y calificando el hecho como una «terrible tragedia» ocurrida en «13 casos en el mundo».

Tras la denuncia de Rosso, el proceso penal culminó en un juicio abreviado y el 2 de julio de 2013 el Tribunal Oral Criminal Nº 11 la condenó a dos años de prisión condicional y cinco años de suspensión profesional por homicidio culposo. En la causa civil, también fue obligada a pagar una indemnización.

Rosso expresó en Facebook: «¿Qué mensaje damos a la sociedad? Que se puede matar y seguir impune. Eso es lo que transmiten estos jueces a médicos irresponsables».

El viudo nunca volvió a ver a Portnoy. Intentó encontrarse pero no lo logró; supo que estaba en mal estado. «Todo se paga, todo vuelve», reflexiona. La vida sin Solange es difícil. Crió solo a los mellizos con apoyo familiar; ellos estudiarán Veterinaria en Esperanza. Cada fin de semana visita a la familia de Solange y su casa está repleta de fotos de los cuatro.

«Era una diosa, pero también enorme en lo humano. Se fue un miércoles; no pude acompañarla porque salíamos a la montaña y nunca volvió. Pero la siento presente», concluye con voz quebrada.

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