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Incendios forestales en 2026: cómo el humo influye en el clima global

En 2026, el humo producido por incendios en Norteamérica y Europa mostró su capacidad para alterar el clima, afectando la formación de nubes, las precipitaciones y las descargas eléctricas a grandes distancias del fuego.

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Los incendios forestales de gran intensidad pueden tener un impacto significativo en la atmósfera, alterando la formación de nubes, las lluvias y las tormentas eléctricas a distancias que pueden alcanzar cientos o miles de kilómetros.

En 2026, la extensión del humo por incendios en Norteamérica y Europa no solo generó inquietud por la calidad del aire, sino que también evidenció que estos fuegos intensos son capaces de modificar el clima local y regional, alterando la meteorología en zonas lejanas a las llamas.

Esta capacidad excede el perímetro inmediato de los incendios porque el humo puede desplazarse muy lejos, influyendo en la dinámica de las nubes y las tormentas en áreas situadas a sotavento.

Incendio forestal extremo elevando vapor

De acuerdo con Yunyao Li, investigadora de la Universidad de Texas en Arlington, la interacción entre el fuego y el clima no es unilateral: factores como la sequedad del aire, el calor, el viento y los rayos originan y propagan los incendios, pero cuando estos alcanzan intensidad, pueden crear su propio microclima, relató la experta en The Conversation.

Yunyao Li destacó que el aire seco, las altas temperaturas, el viento y las descargas eléctricas condicionan el fuego, aunque incendios poderosos pueden a su vez moldear las condiciones atmosféricas.

Vista aérea de un incendio forestal. Un bosque en llamas y humo denso se ven en la orilla derecha de un río serpenteante. La orilla izquierda está cubierta de bosque verde.

El primer efecto es el del calor extremo, que calienta rápidamente el aire sobre las llamas volviéndolo más liviano que el aire cercano, generando así una corriente ascendente muy fuerte.

En algunas situaciones, esta corriente puede girar, formando un torbellino o tornado de fuego. Este fenómeno es similar a un tornado tradicional, pero habitualmente es más pequeño y permanece dentro del área del incendio debido a su dependencia del calor generado por el fuego.

Paisaje aéreo dividido: a la izquierda, un bosque verde denso y agua cristalina; a la derecha, tierra agrietada, árboles carbonizados y un gran incendio con humo naranja.

Además, la columna ascendente de humo y gases calientes transporta vapor de agua emitido tanto por la vegetación en combustión como por la atmósfera próxima. Al subir, el vapor se enfría y se condensa, formando una nube sobre el incendio conocida como pirocúmulo o nube de fuego.

Este proceso puede intensificarse dado que la condensación libera calor adicional. Si el incendio es lo suficientemente fuerte y la atmósfera está inestable, la nube crece y puede alcanzar la troposfera alta, transformándose en un pirocumulonimbo, es decir, una tormenta eléctrica generada directamente por el fuego.

(Imagen Ilustrativa Infobae)

Las partículas de humo funcionan como núcleos de condensación y pueden retardar o desplazar las lluvias hacia zonas a sotavento.

A finales de julio de 2026, un enorme incendio cerca de Saumos, en el suroeste francés, llegó a producir este fenómeno. La nube pirocumulonimbo generó rayos que provocaron nuevos focos de incendio más allá del área inicialmente afectada, facilitando la expansión del fuego.

El humo modifica las lluvias y puede aumentar los rayos más peligrosos

La influencia del humo se mantiene incluso lejos del fuego. Sus partículas actúan como superficies donde el vapor de agua se condensa, es decir, núcleos de condensación para formar gotas.

Cuando una masa de humo se desplaza a una región, incrementa la presencia de estos núcleos en la atmósfera, provocando que una cantidad definida de agua se distribuya en muchas gotas más pequeñas que tardan más en juntarse para formar lluvia, lo que retrasa la precipitación o la desplaza hacia áreas a sotavento.

Este fenómeno complica la predicción de lluvias durante grandes incendios forestales y también puede alterar la distribución de descargas eléctricas en tormentas influenciadas por humo.

Normalmente, alrededor del 90% de los rayos nube-tierra presentan carga negativa. Sin embargo, estudios han detectado una proporción anómala de rayos positivos en tormentas afectadas por humo.

El humo de los incendios aumenta la frecuencia de rayos positivos, que son más intensos y pueden generar más incendios.

Esta diferencia es crucial porque los rayos positivos tienen corrientes más fuertes, duran más y liberan más energía que los negativos, aumentando así la probabilidad de nuevos incendios y riesgos para las personas y las infraestructuras.

En algunas tormentas con presencia de humo, los rayos positivos llegaron a representar más del 40% de los rayos nube-tierra, y en casos extremos superaron el 90%, implicando que casi todos estos rayos tenían carga positiva.

El artículo en The Conversation también describe cómo ocurren estas descargas dentro de las nubes de fuego. Cuando el pirocúmulo supera la altitud donde la temperatura desciende bajo cero, el agua se congela formando cristales de hielo, gotas superenfriadas y granizo blando.

Las colisiones entre estas partículas generan una separación de cargas eléctricas dentro de la nube. Una vez que esta diferencia es suficientemente grande, se produce el rayo, que puede caer fuera del área inicial del incendio, dificultando aún más la labor de los bomberos.

El punto fundamental es claro: los incendios forestales no solo están condicionados por el clima, sino que también pueden modificarlo. El humo se convierte en parte de la atmósfera y afecta la calidad del aire, la salud, las nubes, la lluvia y las descargas eléctricas en zonas lejanas al fuego inicial.

Con la creciente frecuencia de incendios importantes, la respuesta no debe limitarse a combatir las llamas, sino también anticipar y gestionar sus impactos atmosféricos de gran alcance, los cuales aún se comprenden poco.

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