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Falla de San Andrés: 7 ciudades mexicanas expuestas a grandes sismos con posibles daños severos

México presenta una alta actividad sísmica causada por diferentes sistemas tectónicos. Aunque la Falla de San Andrés influye en el noroeste, otras regiones y ciudades como Oaxaca, Acapulco y Ciudad de México también enfrentan riesgos importantes asociados a distintas fallas.

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México es uno de los países con mayor frecuencia de actividad sísmica en América. Aunque la Falla de San Andrés suele mencionarse como foco de grandes terremotos en el país, es fundamental aclarar que esta falla no explica por sí sola el riesgo sísmico de todo México. La amenaza proviene de diversos orígenes, siendo la interacción de varias placas tectónicas, principalmente en la costa del Pacífico, la base de estos movimientos.

El Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) reporta que México sufre más de 20,000 sismos anualmente, aunque la mayoría son de baja magnitud y pasan desapercibidos para la población. Sin embargo, la historia registra eventos significativos, como los terremotos ocurridos en 1985, 2017 y 2020, que dejaron grandes impactos.

La Falla de San Andrés es uno de los sistemas geológicos más reconocidos en América del Norte. Su relevancia en México se concentra en Baja California y los sistemas de fallas relacionados a ella. Un caso ejemplar fue el sismo de magnitud 7.2 que sacudió el norte de Baja California el 4 de abril de 2010. El Cenapred confirmó que la ruptura se produjo en el sistema de fallas Cerro Prieto, considerado una extensión de esta falla. Este movimiento se sintió en Mexicali, Ensenada, Tecate y Tijuana, así como en partes de Estados Unidos.

Por este motivo, Mexicali figura como una de las ciudades mexicanas clave ante el potencial de grandes terremotos vinculados a este sistema tectónico en el noroeste. Su ubicación dentro del Valle de Mexicali favorece fenómenos asociados con las propiedades del suelo. Durante el sismo de 2010 se documentó una licuefacción considerable en amplias áreas del valle.

Tijuana también queda dentro de la zona afectada por los sistemas de fallas de Baja California. El sismo de 2010 fue percibido en esta ciudad y otras localidades del estado. Esto no garantiza daños graves en futuros eventos, pero sí subraya la importancia de la preparación sísmica para la población local.

Ensenada, otra ciudad en Baja California, forma parte de esta región geológica activa. La presencia de diversas fallas en el territorio se refleja en que el mismo sismo de 2010 fue sentido con claridad hasta en esta ciudad, demostrando que movimientos originados al norte pueden afectar puntos distantes del epicentro.

Tecate, también en el estado, completa este conjunto de ciudades del noroeste relacionadas al contexto tectónico regional. Al igual que Mexicali, Tijuana y Ensenada, Tecate se ubica en un área donde la actividad sísmica es parte de las condiciones naturales del entorno.

No obstante, reducir el riesgo sísmico mexicano solo a la Falla de San Andrés sería un error. En el centro y sur del país existen otras fuentes que pueden originar terremotos de gran magnitud. La interacción entre placas como la de Cocos y la Norteamericana, entre otras estructuras tectónicas, explica una buena parte de los eventos sísmicos importantes que impactan la costa del Pacífico.

Dentro de este contexto, Oaxaca de Juárez se destaca. Este estado ha registrado una larga serie de movimientos sísmicos relevantes y está cerca de zonas con elevada actividad tectónica. En agosto de 2026, Cenapred recordó el terremoto histórico de San Sixto de 1787, uno de los más grandes registrados en México.

Acapulco, en el estado de Guerrero, también se ubica en una zona con alta actividad sísmica. Su proximidad a la costa del Pacífico y a áreas donde las placas interactúan hace que los terremotos sean un factor importante en la planificación de emergencias. El sistema de alerta sísmica mexicano considera a Acapulco entre las ciudades que reciben avisos cuando los sensores detectan movimientos con capacidad de causar daños.

La séptima ciudad a considerar es Ciudad de México, aunque por razones distintas. La capital no se sitúa sobre la Falla de San Andrés y según Cenapred, es poco probable que un sismo fuerte tenga origen dentro de la zona metropolitana. El mayor riesgo radica en terremotos generados en otras áreas y en las características particulares del subsuelo del Valle de México, que amplifican ciertos movimientos sísmicos. El terremoto de 1985, originado en la costa del Pacífico, es un ejemplo emblemático de esta vulnerabilidad.

Por esto, hablar de una “catástrofe” inminente no significa que exista un sismo anunciado o inevitable. Actualmente, la ciencia no puede predecir con precisión la fecha, el lugar, la hora y la magnitud de un próximo terremoto. Cenapred enfatiza que no existe ningún método confiable para anticiparlos de ese modo.

Cabe destacar que sí se puede estudiar el riesgo sísmico mediante análisis de la actividad de fallas, la ubicación urbana, las características del terreno, la construcción y la exposición poblacional. El Atlas Nacional de Riesgos recopila información técnica y científica destinada a identificar las áreas expuestas, facilitando la planeación de medidas para prevenir y mitigar riesgos.

En consecuencia, la Falla de San Andrés es clave para entender el comportamiento tectónico en Baja California, pero no debe considerarse como el único origen de los grandes terremotos que pueden afectar México. Mexicali, Tijuana, Ensenada y Tecate están relacionadas con el contexto tectónico del noroeste, mientras que Oaxaca, Acapulco y Ciudad de México enfrentan riesgos vinculados a otras fuentes sísmicas y características geológicas propias.

Los expertos coinciden en que no se trata de esperar el próximo gran terremoto, sino de estar preparados. Identificar zonas seguras, participar en simulacros, revisar las condiciones estructurales de los hogares, preparar una mochila de emergencia y seguir las recomendaciones de Protección Civil son acciones mucho más efectivas que intentar predecir cuándo sucederá el siguiente gran movimiento. México seguirá siendo un país con actividad sísmica frecuente y, ante ello, la prevención es la mejor herramienta para minimizar sus posibles daños.

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