La noche del jueves 27 y las primeras horas del viernes 28 de agosto de 2026 se destacaron por uno de los eventos astronómicos más esperados del año: un eclipse lunar parcial profundo. Este fenómeno fue observable desde diferentes regiones del planeta y colocó a Argentina entre los países privilegiados para apreciar varias de sus fases.
El eclipse fue especialmente notable por el tono rojizo que la Luna adoptó durante su fase con mayor sombra. Por ello, este tipo de eclipses son comúnmente llamados “Luna de Sangre”, aunque este término no indica un cambio real en la composición o pigmentación de la Luna. Este color es resultado de la forma en que la luz solar se filtra y refracta a través de la atmósfera terrestre antes de llegar a la superficie lunar.
Durante un eclipse lunar, la Tierra se sitúa entre el Sol y la Luna, proyectando su sombra sobre esta última. Según la ubicación de la Luna dentro de esa sombra, el eclipse puede clasificarse en penumbral, parcial o total. En este caso, el evento fue un eclipse parcial profundo, ya que gran parte de la superficie visible de la Luna quedó dentro de la zona central más oscura de la sombra terrestre.

Un punto destacado fue que, en el momento de máxima cobertura, más del 96% de la superficie lunar estuvo cubierta por la umbra de la Tierra, permitiendo apreciar claramente cómo la luminosidad decrecía y la región afectada mostraba tonos rojizos, cobrizos y anaranjados característicos.
Estos colores se generan por un fenómeno físico semejante al que causa los tonos rojizos en los amaneceres y atardeceres. La atmósfera terrestre filtra y desvía determinados espectros de la luz solar, permitiendo que ciertas longitudes de onda lleguen hasta la Luna aunque esté dentro de la sombra de la Tierra, otorgándole una apariencia distinta a la habitual.

En Buenos Aires, la primera etapa comenzó cerca de las 22:23 del jueves, cuando la Luna entró en la penumbra terrestre. Al inicio, los cambios eran sutiles y no tan evidentes a simple vista, debido a la disminución gradual en su brillo.
La fase parcial se inició alrededor de las 23:33, momento en que la sombra terrestre comenzó a cubrir una parte visible de la superficie lunar. A medida que el evento avanzó, la transformación se volvió más patente y captó la atención de los observadores del cielo.

El pico máximo ocurrió alrededor de la 01:12 del viernes, alcanzando el mayor porcentaje de cobertura. Por ese entonces, la Luna se posicionó aproximadamente a 64 grados sobre el horizonte norte en Buenos Aires, lo que facilitó su observación desde la ciudad y áreas cercanas.
Una ventaja importante de este eclipse fue que no se requerían aparatos especiales para apreciarlo. A diferencia de los eclipses solares, mirar un eclipse lunar directamente no implica peligro para la vista, por lo que se podía disfrutar sin necesidad de filtros, gafas especiales o instrumentos de protección ocular.

No obstante, el uso de binoculares o telescopios permitía observar con mayor detalle las características cambiantes de la superficie lunar conforme avanzaba la sombra. Sin embargo, su uso no era imprescindible para disfrutar el espectáculo.
El fenómeno generó gran interés en redes sociales, donde circularon numerosas fotos y videos capturados desde distintos puntos de Argentina. La singular imagen lunar durante la cobertura máxima ubicó este eclipse entre los eventos astronómicos más destacados del día.
Además de nuestro país, el eclipse fue visible desde grandes regiones del mundo. La duración de varias horas posibilitó que millones de personas observaran las diferentes fases y comprendieran visualmente cómo tiene lugar este fenómeno.
Para los entusiastas de la astronomía, este eclipse fue especial por ser el último del año 2026, convirtiendo a la Luna de agosto en una de las últimas grandes oportunidades para presenciar un fenómeno de estas características desde Argentina.
Si bien distintas culturas han atribuido significados particulares a los eclipses a lo largo de la historia, desde la ciencia se considera un fenómeno natural y perfectamente predecible. La posición relativa entre Sol, Tierra y Luna permite anticipar con exactitud cuándo y desde dónde serán visibles.
Por ello, la popular llamada “Luna de Sangre” no implica un cambio duradero en el satélite ni efectos extraordinarios para nuestra vida cotidiana. Su atractivo radica en la combinación de astronomía, perspectiva y condiciones lumínicas que permiten contemplar durante unas horas una Luna diferente a la habitual.
Para quienes pudieron observarlo desde Argentina, el eclipse comenzó en la noche y alcanzó su punto culminante pasada la medianoche. Con más del 96% de la superficie lunar dentro de la umbra terrestre, la madrugada del 28 de agosto brindó una de las imágenes astronómicas más impactantes del año.
Este evento reafirmó la fascinación que los eclipses lunares provocan, ya que millones de personas pudieron levantar la vista al cielo y apreciar, sin equipos especiales ni necesidad de desplazarse, uno de los espectáculos más singulares que surgen de la interacción entre la Tierra, la Luna y el Sol.
