El cáncer de ovario se define como la aparición de una neoplasia o masa tumoral en uno de los órganos del sistema reproductor femenino. Usualmente, la mayoría de estos tumores son de origen epitelial y tienden a ser benignos, es decir, no malignos. Sin embargo, algunos presentan escasa o nula diferenciación celular, lo que favorece su crecimiento acelerado y diseminación.
Desde el punto de vista epidemiológico, esta enfermedad afecta a nivel mundial aproximadamente a 225.500 mujeres cada año, ocasionando cerca de 140.200 fallecimientos anuales. Los ovarios, que forman parte de los genitales femeninos, son dos estructuras ubicadas en cada fosa ilíaca, justo por debajo de la cresta ilíaca en ambos lados (uno en cada fosa ilíaca derecha e izquierda).
Estos órganos tienen un papel reproductor fundamental, ya que producen la ovulación de manera mensual: el óvulo liberado viaja por la trompa de Falopio, donde puede encontrarse con un espermatozoide para la fecundación. Si esta unión no ocurre, se produce la menstruación en ciclos regulares.

Además de su función reproductora, los ovarios sintetizan hormonas, principalmente estrógenos y progesterona. Los estrógenos ejercen funciones protectoras durante la vida fértil de la mujer, pero disminuyen tras la menopausia, aumentando así la susceptibilidad a diversas enfermedades.
- Antecedentes familiares de cáncer de ovario triplican la probabilidad de desarrollarlo.
- Historial personal de quistes ováricos duplica el riesgo.
- Contar con antecedentes de cáncer de mama también aumenta en dos veces la posibilidad.
- Presencia de endometriosis.
- Uso de terapia hormonal sustitutiva.
- Obesidad.
- Edad avanzada y estado postmenopáusico incrementan el riesgo en un 40%.
Generalmente, el cáncer de ovario es asintomático en sus fases iniciales, manifestando signos clínicos alguna vez que ha superado la región primaria. Entre sus síntomas más frecuentes se encuentran: pérdida de peso, dolor lumbar, fatiga, distensión abdominal, molestias abdominales, cambios urinarios, dolor durante el acto sexual, sangrado vaginal anormal y dificultad para comer.

Más allá de estos síntomas comunes, las células ováricas pueden agruparse en tres tipos: epiteliales, germinales y estromales. Dependiendo de la localización donde se origine el tumor, se clasifican distintos tipos de cáncer de ovario.
El diagnóstico de esta patología lo establece el ginecólogo durante una consulta especializada, que incluye una historia clínica detallada y un examen físico minucioso, en el que se realiza un tacto pélvico que abarca útero, vagina, ovarios, trompas, vejiga y recto. También se complementa con pruebas como el Papanicolaou anual y estudios de imagen y laboratorio.
- Ultrasonido: utiliza ondas sonoras de alta frecuencia para evaluar las estructuras y detectar masas anormales asociadas a esta enfermedad.
- Radiografía abdominal o enema de bario.
- Tomografía computarizada (TAC).
- Biopsia: extracción de tejido tumoral para su análisis histopatológico bajo el microscopio.
Confirmada la neoplasia, se procede a la estadificación para determinar la extensión local o sistémica del cáncer, dividiéndose en cuatro fases:
- Etapa 1: Tumor confinado al ovario, con cápsula intacta o rota.
- Etapa 2: Neoplasia que se extiende al útero, tejido pélvico o trompa de Falopio.
- Etapa 3: Diseminación a ganglios linfáticos y órganos abdominales como peritoneo, bazo, intestino, hígado y diafragma, incluso afectando pulmones.
- Etapa 4: Diseminación avanzada llegando al sistema nervioso central, especialmente al cerebro.
En cuanto al tratamiento:
- Cirugía: Es la opción principal en casos donde la enfermedad se encuentra localizada o con afectación a órganos vecinos del aparato reproductor. En mujeres fuera de edad reproductiva, la extracción puede ser definitiva sin afectar la fertilidad, mientras que en mujeres en edad fértil podría inducir menopausia prematura.
- Quimioterapia: Medicamentos administrados por vía intravenosa u oral que combaten el cáncer cuando hay diseminación a órganos distantes (metástasis).
- Radioterapia: Uso de radiación de alta energía dirigida a destruir células cancerosas en áreas específicas, afectando principalmente las células malignas de la zona tratada.
