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¿El cambio climático puede incrementar la frecuencia e intensidad sísmica? Respuestas desde la ciencia

Investigaciones indican que fenómenos ambientales extremos, como el deshielo acelerado y alteraciones en el agua, modifican la presión sobre la corteza terrestre, lo cual podría influir en la generación y frecuencia de terremotos en diversas regiones del mundo.

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Además de la dinámica de placas tectónicas, se investiga cómo el cambio climático podría influir en la actividad sísmica y volcánica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

10 Ago, 2026 05:04 p. m. Actualizado: 10 Ago, 2026 07:15 p. m. EST

El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia provocó víctimas y daños severos en construcciones, sintiéndose en numerosas localidades. Apenas dos meses antes, el 24 de junio, dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 afectaron el noroeste venezolano, generando réplicas y destrucción en zonas urbanas. Estos eventos extremos mantienen la alerta en la región andina y plantean interrogantes sobre el rol de factores menos evidentes que influyen en la sismicidad.

Primer plano de un sismógrafo registrando ondas sísmicas en papel cuadriculado, con un patrón de círculos concéntricos rojos en la esquina superior derecha.

Más allá del movimiento de las placas tectónicas, ha surgido una línea de estudio que conecta el cambio climático con la actividad sísmica y volcánica. Fenómenos como el deshielo acelerado, lluvias intensas y períodos prolongados de sequía modifican la presión ejercida sobre la corteza terrestre. Estos cambios pueden desencadenar o acelerar terremotos y erupciones en áreas vulnerables, abriendo un nuevo campo en la comprensión de riesgos naturales vinculados a la crisis ambiental.

Cómo los efectos del cambio climático afectan los patrones de terremotos

El geólogo Gustavo Ortiz dijo a Infobae que es clave diferenciar los tipos de sismos cuando se analiza la posible influencia del cambio climático. Señaló que los terremotos tectónicos, como los recientes en Colombia y Venezuela, son consecuencia de procesos naturales relacionados con el movimiento planetario, sin pruebas claras que conecten su frecuencia o magnitud con el clima.

Vista a nivel de la calle de una grieta en el asfalto y la pared de un edificio de ladrillo con un letrero de

Asimismo, comentó que otros tipos de actividad sísmica estrechamente ligados a acciones humanas, como la inyección subterránea de agua, el fracking, minería o extracción de hidrocarburos, sí pueden reflejar efectos indirectos del cambio climático. También mencionó que grandes embalses han provocado terremotos significativos, por ejemplo en China, aunque esos eventos tienden a ser de menor magnitud y son cuidadosamente monitorizados.

La relación entre cambio climático y actividad sísmica es más evidente en movimientos de baja intensidad asociados a la pérdida de hielo o actividades humanas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Glaciar de avance rápido con grandes bloques de hielo azulado y grietas profundas descendiendo entre montañas nevadas. El cielo está cubierto de nubes grises.

Ortiz puntualizó que, hasta ahora, no existe consenso científico que relacione el cambio climático con terremotos de elevada magnitud. Sin embargo, identificó un mecanismo importante vinculado a la reducción de grandes capas de hielo. “El derretimiento de glaciares al disminuir la presión sobre la corteza genera un rebote elástico que provoca sismos, generalmente de baja intensidad”, explicó.

Por su parte, Matthew Blackett, profesor en Coventry University, realizó un estudio detallado publicado en The Conversation sobre la relación entre el clima y terremotos. El especialista comenta que el retroceso glaciar y las variaciones en las precipitaciones modifican las cargas sobre la corteza terrestre.

En el macizo de Mont Blanc, Francia e Italia, desde 2015 se observa un aumento periódico de terremotos asociado al deshielo estacional (REUTERS/Pierre Albouy)

En zonas como el Himalaya, las lluvias monzónicas depositan hasta cuatro metros de agua en la superficie, incrementando el peso y la compresión que estabilizan la corteza. Al concluir la temporada de lluvias (junio a septiembre) y desaparecer esa carga, la corteza experimenta un "rebote", volviéndose más inestable y propicia para terremotos. Según Blackett, el 48% de los sismos al Himalaya ocurren en los meses secos previos al monzón (marzo a mayo), frente al 16% durante el periodo lluvioso.

El derretimiento acelerado de glaciares y las lluvias intensas modifican la presión sobre la corteza, lo que puede desencadenar terremotos y erupciones volcánicas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lago Turkana

Blackett detalla que al final de la última glaciación, el deshielo masivo eliminó un enorme peso sobre la corteza terrestre. Esto permitió que la corteza, antes comprimida, se elevara rápidamente mediante un fenómeno llamado “rebote isostático”, causando terremotos fuertes en regiones como Escocia y Escandinavia hace entre 11.000 y 7.000 años, algunos con magnitudes superiores a 8. El autor advierte que el actual derretimiento glaciar podría provocar efectos similares en otras áreas.

Un estudio reciente de Colorado State University (CSU) reveló que, en las Montañas Sangre de Cristo en Colorado, el rápido retroceso glaciar tras la última glaciación aceleró el movimiento de una falla principal en hasta cinco veces, en comparación con cuando estaba cubierta por hielo. Esta aceleración se atribuye a la pérdida del peso ejercido por los glaciares sobre la corteza, facilitando desplazamientos sísmicos.

Ilustración 3D de un corte transversal de la corteza terrestre, mostrando capas de roca, vegetación, una falla con óxido de grafeno y magma incandescente.

El grupo de CSU calculó la presión que ejercían los antiguos glaciares y concluyó que tras el derretimiento, la ausencia de esa carga alivió la falla, promoviendo el movimiento. Cece Hurtado, líder del estudio, afirmó: “Nuestro trabajo evidencia que las modificaciones en hielo y agua vinculadas al cambio climático pueden elevar la actividad sísmica en áreas tectónicamente activas”. Los científicos sugieren que estos hallazgos deben integrarse en el estudio del riesgo sísmico y en la reconstrucción histórica de terremotos.

Montañas y glaciares: el caso de los Alpes y el impacto del agua

En el macizo de Mont Blanc, que se extiende entre Francia e Italia, desde 2015 se registra un aumento constante de sismos relacionados con el deshielo estacional (REUTERS/Pierre Albouy)

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Un análisis de quince años de datos sísmicos en el Mont Blanc, entre Francia e Italia, detectó un incremento anual en la actividad sísmica desde 2015. El estudio se enfocó en la zona de Grandes Jorasses y concluyó que durante el deshielo, el agua infiltra las fracturas profundas en la montaña, alterando la presión en el subsuelo y en la superficie, lo que puede reactivar fallas previamente estables.

Utilizando modelos de flujo subterráneo y datos del túnel Mont Blanc, el equipo observó que picos de actividad coinciden con temporadas de deshielo, especialmente en otoño. Además, olas de calor recientes y la reducción de glaciares y permafrost han modificado las rutas de infiltración del agua, aumentando el riesgo sísmico en áreas montañosas.

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Por otro lado, Blackett señala que en Islandia, el retiro glaciar aumentó la actividad volcánica. El peso del hielo actúa como una cubierta que frena la formación de magma; su desaparición aligera la corteza y favorece la generación de magma, elevando el riesgo eruptivo. La influencia del agua no se limita a los glaciares: grandes embalses, lluvias intensas y cambios abruptos en ríos o lagos también modifican la actividad sísmica, como se ha observado en la Falla de San Andrés en California y zonas de Japón.

El impacto de la sequía y la reducción de lagos

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El Sistema del Rift de África Oriental, una amplia fractura geológica que atraviesa el este africano y que presenta fallas profundas, volcanes y grandes lagos, también ha sido objeto de estudio para la conexión entre clima y dinámica de la corteza. Esta zona refleja la separación progresiva de placas tectónicas y reúne una de las regiones con mayor actividad sísmica y volcánica a nivel mundial.

Un estudio publicado en Scientific Reports investigó cómo la transición hacia un clima más árido luego del Período Húmedo Africano (hace aproximadamente entre 9600 y 5300 años) provocó un descenso del nivel del Lago Turkana de entre 100 y 150 metros. Esta pérdida de peso influyó directamente en el aumento de la actividad sísmica en la región.

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Los autores observaron que las fallas comenzaron a desplazarse más rápido, con un promedio de 0,17 milímetros por año en 27 fallas estudiadas. Identificaron dos factores principales: la reducción del agua disminuyó la presión, haciendo la corteza más vulnerable a fracturarse, y la menor presión permitió la formación incrementada de magma subterráneo, favoreciendo así el movimiento de las fallas.

La retirada de glaciares favorece la formación de magma y eleva el riesgo de erupciones volcánicas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

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El equipo destacó: “Esta es la primera prueba empírica que muestra que cambios climáticos inducen mayor actividad en fallas debido a variaciones en niveles de lagos”.

Estos hallazgos concuerdan con observaciones históricas y modelos en otras áreas donde descargas o acumulaciones repentinas de grandes masas de agua o hielo modifican el estado de esfuerzos en la corteza, alterando la periodicidad y magnitud esperada de terremotos.

Aunque el estudio aborda fenómenos ocurridos hace miles de años, sus resultados son fundamentales para comprender cómo el cambio climático actual puede influir en la frecuencia y violencia de terremotos.

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